De motes y oficios a linajes familiares: los apellidos tras el Concilio de Trento

El 1 de febrero de 1529, en la villa de Urroz —actual Urroz-Villa—, el párroco del lugar fue requerido para acudir a un bautizo. Al llegar, antes de iniciar la ceremonia, preguntó a los padres de la recién nacida: “¿Cuál será el nombre de la niña?”, a lo que respondieron: “Graciana”. Acto seguido, el sacerdote se dirigió al padre y le preguntó por su oficio, a lo que este contestó que era sastre. Después, preguntó a la madre: “¿Y usted de dónde es?”, recibiendo como respuesta que era del Valle de Aezkoa. Con estos datos, el párroco procedió a bautizar a la niña con el nombre de Graciana Sastre La Aezcoana, reflejando así la costumbre de asignar apellidos según el oficio o el origen familiar.

Un caso igualmente ilustrativo es el de un herrero llamado Lope, vecino del entonces pueblo vascófono de Ezcároz/Ezkaroze, que habría vivido en el siglo XVI. La casa que construyó o de la que fue propietario tomó el nombre de Lopearoza (“Lope el herrero”). Como era costumbre en el Valle de Salazar hasta mediados del siglo XVIII, las personas adoptaban como apellido el nombre de la casa en la que nacían o residían, independientemente del apellido paterno. De hecho, si la heredera del caserío era una mujer, el marido —procedente de otra casa— abandonaba su propio apellido para asumir el de la casa en la que se establecía tras el matrimonio.

Así, todos los nacidos en aquella casa recibían el apellido Lopearoza. Un ejemplo concreto lo encontramos el 12 de julio de 1656, fecha en que fue bautizada María Juan Lopearoza, hija de Matías Lopearoza y Bárbara Lopearoza. Su nombre, traducido literalmente, significaría “María Juan, hija de Lope el herrero”. En realidad, Matías era de origen Paro, pero al casarse en la casa Lopearoza adoptó el apellido de esta, perpetuando una tradición que vinculaba la identidad familiar con la pertenencia a una casa más que con la línea de sangre. Todavía hoy, en Ezcároz/Ezkaroze, se conserva la Casa Lopearotza y una borda que originalmente le perteneció, conocida como la Borda de Lopearotza, testimonio vivo de aquella antigua costumbre onomástica y familiar.

Bautismo

La necesidad de la Iglesia católica de poner orden en el caos existente en torno a los apellidos, entre otras cuestiones, condujo a la convocatoria del Concilio de Trento. Este concilio ecuménico, celebrado entre los años 1545 y 1563, abordó, entre múltiples asuntos de carácter doctrinal y disciplinario, la cuestión de la correcta designación de los recién nacidos. Uno de los acuerdos alcanzados estableció que los hijos debían llevar como apellidos los del padre y la madre, otorgando así un carácter hereditario y regulado a la identidad familiar.

 

Hasta entonces, era habitual que los individuos fueran identificados por motes, oficios, topónimos u otras particularidades circunstanciales, lo que generaba una enorme diversidad e inestabilidad en los registros. Tras el Concilio, se dispuso abandonar estas fórmulas en favor de un sistema estable y familiar. No obstante, en muchos lugares del norte de Navarra las nuevas normas tardaron en aplicarse: numerosos párrocos continuaron, durante décadas, registrando a los recién nacidos según las costumbres locales, lo que provocó la formación de nuevos apellidos, costumbre que perduró en algunos valles hasta bien entrado el siglo XVIII.

Ezcároz/Ezkaroze. Ayuntamiento de Ezcároz – Ezkarozeko udala. http://www.ezcaroz.es/

Bibliografía y webgrafía

– Antzinako. https://www.antzinako.org/

– Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Trento

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Apellidos Vasconavarros
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