Los apellidos patronímicos —y en menor medida los matronímicos— tienen su origen en el nombre de pila del padre o de algún antepasado. Aparecen registrados por primera vez en el Códice de Roda, manuscrito redactado hacia el año 990 en algún lugar del Reino de Pamplona, donde se hace referencia a diversos reyes y nobles de los siglos VIII, IX y X pertenecientes a los incipientes reinos de Asturias y Pamplona, así como al Condado de Aragón. A partir de entonces, su uso comenzó a extenderse progresivamente, y para el siglo XI (1001-1100) la fórmula patronímica ya se encontraba plenamente consolidada entre todas las clases sociales, desde la nobleza hasta el pueblo llano.
Dentro de este grupo pueden distinguirse tres tipos principales: los patronímicos terminados en los sufijos -ez, -oz o -az, como Martínez, Muñoz o Velaz; aquellos que conservan el propio nombre de pila como apellido, tales como Ochoa, García, Gil, Ojer u Oneca —nombres personales medievales que con el tiempo se transformaron en apellidos—; y los que se forman con la preposición de, como de Carlos, de Andrés, de Vicente o de María.
En el caso de Navarra, donde durante la Edad Media el euskera era lengua común, surgieron además otros tipos de patronímicos característicos terminados en -iz, como Juaniz, Semberoiz, Enecoiz o Petriz. Así, encontramos ejemplos documentados como Martin Juaniz de Asiain (Pamplona, 1528), Lope de Semberoiz (Lizasoáin, 1542), Juan de Enecoiz (Alsasua, 1560) o María Petriz de Salinas (Obanos, 1558). Estos apellidos, equivalentes a fórmulas como “hijo de Juan”, “hijo de Sembero”, “hijo de Eneco” o “hijo de Pedro”, constituyen un testimonio lingüístico y genealógico de gran valor sobre la evolución onomástica en el antiguo Reino de Navarra.
Los apellidos terminados en -ch constituyen una forma patronímica autóctona del Valle de Roncal, característica de esta zona del Pirineo navarro y única dentro del conjunto de la onomástica vasca. Entre los más representativos se encuentran Petroch, Salvoch, Brascoch, Necoch, Artuch, Viloch, Martich, Galech, Bertich, Lopech, Garcech y Estruch, todos ellos derivados de antiguos nombres propios.
Así, Petroch procede de “hijo de Pedro” y aparece documentado en Pedro Petroch (Tudela, 1531) y Juan Petroch (Isaba, 1559); Salvoch, de “hijo de Salvo”, figura en Pascual Salvoch (Garde, 1564) y Juan Salvoch (Vidángoz, 1573); Martich, de “hijo de Martín”, en Miguel Martich (Isaba, 1579) y Domingo Martich (Burgui, 1592); Galech, de “hijo de Gale”, en Gracia Galech (Garde, 1582) y Garcia Galech (Burgui, 1587); Necoch, de “hijo de Eneco”, en Modesto Necoch (Urzainqui, 1738) y Martina Necoch (Urzainqui, 1766); y finalmente Brascoch, de “hijo de Brasco”, en Domingo Brascoch (Roncal, 1655) y Magdalena Brascoch (Isaba, 1674). Estos ejemplos reflejan una tradición lingüística singular del valle, donde la herencia euskérica y las influencias romances dieron lugar a una tipología patronímica única y distintiva.

|
Nombre medieval |
Castellano |
Euskera |
Euskera roncalés |
|
Pedro/Petro/Petri |
Pérez |
Periz |
Petroch |
|
Eneco |
Íñiguez |
Enecoiz |
Necoch |
|
Martin |
Martínez |
Martiniz |
Martich |
|
Lope |
López |
Lopiz |
Lopech |
|
Garcia |
Garcés |
Garceiz |
Garcech |
Bibliografía y webgrafía
– Archivo Real y General de Navarra. http://www.navarra.es/home_es/Temas/Turismo+ocio+y+cultura/Archivos/Archivos/Archivo+General+de+Navarra/